Carlotta acomodaba las chaquetas, blazer, sobretodos, abrigos de pieles, plumas y cuanta extravagancia costosa trajeran los invitados.
Trabajaba en conjunto con otra chica que atendía en el mostrador y recogía las prendas.
Todo debía hacerse impecable, ninguna arruga en las ropas, nada roto, perdido, ni manchado.
Le habían dado hasta un uniforme de saya de tubo negra y blusa elegante blanca.
El Duque de Vallucci y su familia, llegaron a la antesala.
Casualmente, Stefano había sido saludado por