Cuando Fabio llegó al complejo de edificios residenciales de alta alcurnia, pasó directo al estacionamiento subterráneo.
Apagó el auto, miró hacia el lado del copiloto donde la Duquesa estaba dormitando, babeándole la tapicería y hasta con ronquidos bajos incluidos.
No pudo evitar negar con la cabeza divertido, de fina y estilizada, no tenía ni uno de sus cabellos, que se enroscaban en su nuca.
Se quitó el cinturón de seguridad, agarró atrás las muletas y dio la vuelta hasta su puerta, que a