Fabio tomaba su whisky, con las mangas del traje remangado hasta los codos, mostrando sus fuertes antebrazos tatuados, sentado en un cómodo sillón y mirando a las mujeres, bailando eróticamente sobre el escenario semidesnudas.
Las bailarinas de pole dance giraban, se contorneaban y abrazaban el duro tubo de metal, como si fuese el amante que se llevarían a su cama esa noche.
Una rubia exuberante gateó en cuatro hasta él, observándolo con ojos verdes depredadores.
Sus dos enormes senos de sili