—Debemos aumentar el número de patrullas en la vertiente oeste de la frontera, Thorne. La manada de la Garra de Plata ha hostigado el límite tres veces en la última semana. Es una declaración de guerra, no tiene otra explicación.
La voz de Thorne retumbaba sobre la descomunal mesa de roble mientras yo me mordía el interior de la mejilla para no bostezar. ¿Cuántas horas llevábamos allí? ¿Dos? ¿Tres? Sentía que los pulmones se me marchitaban de tanto contar motas de polvo y de observar a Silas