Marga tardó bastante tiempo en calmarse ya que como yo, adoraba a la pequeña Silvia y no comprendiamos ninguna de las dos, como su padre consentía a todos los caprichos de esa mala mujer, aunque con ello, sufriera las consecuencias una niña de tan solo seis años.
— Ya que se han marchado y el jefe me ha dado las llaves de su coche, voy a aprovechar para ir a mi casa, quiero ver a mi padre y a mi ama de llaves, seguramente vendré a comer, no quiero que estés sola en un momento como este — le dij