C162-EL CLAMOR DE UNA MADRE
Las risas constantes que un segundo antes se sentían como un santuario de paz, se transformaron en un zumbido sordo cuando las pesadas puertas de madera se abrieron. Laila entró con paso apresurado, los ojos fijos en el suelo de mármol para respetar la intimidad de la pareja, aunque la rigidez de sus hombros delataba la gravedad del asunto.
Zayd, que aún mantenía a Mariam rodeada entre sus brazos, tensó cada músculo de su cuerpo.
—¿Qué pasa, Laila?
—Mi señor... —Lail