AMALIA.
Empiezo a despertarme y lo primero que noto, mucho antes de que abra los ojos, es un gran dolor de cabeza.
Hoy va a ser un mal día.
Abro los ojos, pero eso solo hace que me dé una gran punzada y mi dolor de cabeza se vuelva más agudo.
¡Ay, no! ¿¡Por qué!?
Me quejo y entierro la cabeza en lo que siento que es una almohada.
—Quejarte no te servirá de nada, mi chocolatina —me dice Huxley y yo solo me quejo—. Mejor levántate y date una ducha para ir a almorzar.
Abro los ojos con mucho pesar