XXXV (2/19)

AMALIA.

—Sujétate bien —me ordena mientras me aferró lo más que puedo a él y él pasa un brazo por mi cintura y pone una mano sobre mi cabeza—. Esto va a doler un poco.

Siento como el auto empieza a moverse todavía mucho más de lo que ya hacía hasta que siento como el vehículo deja de tocar el suelo antes de que todo empiece a dar vueltas y se torne oscuro.

Despierto asustada y con la respiración bastante asustada sobre la cama de Huxley.

Veo todo confundida
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