—Te van a adorar —rio Lucas desde el asiento del copiloto—. De hecho, prepárate, porque Mía es capaz de llorar de emoción y Emma probablemente te dé un abrazo tan fuerte que te dejará sin aliento. Y no aceptarán un "no" por respuesta.
Pasamos horas en la carretera, devorando kilómetros, dejando atrás el gris de Olimpia para entrar en la luz cálida de la costa. A medida que nos acercábamos a Thalassa, el paisaje cambiaba. El mar aparecía en el horizonte, ese azul profundo que habíamos compartido