El escenario en la Carretera Sur era dantesco. Dos vehículos habían colisionado frontalmente y el olor a gasolina mezclado con el asfalto mojado hería la nariz. En cuanto Mía frenó en seco, las puertas traseras se abrieron y el caos golpeó a Isabella como una bofetada.
—¡Bella, reacciona! ¡Baja la camilla ahora! —gritó Emma, empujándola fuera de la ambulancia.
Isabella se quedó paralizada un segundo. Las luces azules y rojas giraban frenéticamente, reflejándose en los charcos que empezaban a fo