La mansión Leclerc amaneció rodeada por cordones policiales y equipos de prensa. Desde la noche anterior, Amara había ordenado cerrar los portones de hierro, atrincherándose dentro. Nadie entraba ni salía. Las luces permanecían encendidas en las ventanas superiores, y de vez en cuando se escuchaban golpes, pasos apresurados, un grito aislado.
Los periodistas transmitían en vivo:
—Amara Leclerc, señalada como culpable en el caso del sabotaje al avión de Isadora Morel, lleva más de doce horas a