Ramsés caminaba furioso por el bosque, rodeado únicamente de árboles. Regresó al lugar donde Trysa seguía inconsciente, mientras la frustración comenzaba a consumirlo. Se detuvo a su lado, maldiciendo la decisión de haber seguido la petición de su amiga.
—¡Maldita sea! ¿En qué momento le hice caso a tu amiga? Despierta ya, necesitamos llegar a la frontera — se quejó Ramses, mirando el rostro sereno de Trysa.
Su lobo interior intentó calmarlo.
—Tranquilo, su amiga debe estar preocupada. Ya vendr