CAPÍTULO 99 — No se lo digas al jefe.
Irina.
Después del beso apasionado y desenfrenado, nos separamos lentamente. Ambos estábamos sin aliento, con la mirada fija el uno en el otro, tratando de asimilar lo que acababa de suceder. El ascensor llegó a mi piso, pero ninguno de los dos se movió. Permanecimos en silencio durante unos segundos, dejando que la intensidad del momento se disipara.
Finalmente, rompí el silencio con la voz aún temblorosa:
—Estaremos en… problemas… —es lo único que pude decir, mientras sus manos acariciaron mi