CAPÍTULO 74 — Vamos, que si se puede.
Damien.
—Damien… —miré el rostro de Sasha.
Tenía las manos en el arma, junto a una de Sasha, pero mi brazo estaba mojado, y en los siguientes segundos, sentí un ardor profundo, y un adormecimiento en mi brazo izquierdo.
Me eché para atrás, el arma que estaba entre nosotros cayó al piso, y luego miré hacia Irina, que se detuvo con los ojos abiertos, mirando mi herida.
Sus lágrimas se escurrieron rápidamente, y abrazó su conejo.
—Damien… —la escuché pronunciar, y luego noté como los hombres h