Mila.
—Mila… matarás a todos… —deslicé mis ojos en el espejo y pasé un trago duro.
Me giré de golpe mientras la agitación volvió un caos mi cuerpo.
Su mirada me había fulminado, desestabilizado y torturado. Su magnetismo, el mismo que siempre había tenido y ese poder que siempre superó mi estabilidad, volvía a golpearme de nuevo.
—¿Mila? ¿Qué ocurre? —Sergei tomó mi rostro con una caricia y negué.
—Nada… yo… quisiera tomar algo, se me secó la garganta.
Sergei frunció el ceño y asintió.
—No qui