Mila condujo por las calles de Roma con la mirada fija en la pantalla del GPS. El encuentro con Marco Harris estaba cada vez más cerca, y aunque intentaba mantener la calma, su mente se llenaba de puras conjeturas.
Sin embargo, el sentimiento que más la embargaba, era ese fastidio que tenía en el pecho, porque iba a ver a la cara a Marco, el hombre en quien ella puso toda su confianza, y que incluso había admirado por años.
Al llegar al lugar acordado, Mila se estacionó discretamente y observó