El salón de convenciones estaba impregnado de una energía vibrante, pero Mila se sentía atrapada en un torbellino de emociones. La cercanía de Mikhail, la tensión con Bruno y la complejidad de la situación formaban una amalgama difícil de manejar.
Mikhail, por otro lado, parecía disfrutar del desconcierto general. Su actitud relajada y sus comentarios ingeniosos mantenían a los presentes entretenidos, pero Mila no podía ignorar la mirada intensa que él le dirigía cada vez que pensaba que nadie