Mundo ficciónIniciar sesiónDamián Ochoa no había cambiado en dos años: mismo traje impecable, misma sonrisa depredadora, misma capacidad de hacer que Valentina sintiera que el aire se volvía veneno. Lo encontró esperándola en el café más exclusivo de Frankfurt, un lugar donde las conversaciones se desarrollaban en susurros y los secretos se intercambiaban como moneda corriente. Sus ojos oscuros la recorrieron con la familiaridad de quien había poseído cada centímetro de su cuerpo, y Valentina sintió que el estómago se







