Mundo ficciónIniciar sesiónLa aldea no tenía nombre en los mapas oficiales. Era apenas una colección de casas de adobe y madera que se aferraban a la ladera de la montaña como si hubieran crecido allí naturalmente, entre los pinos y las rocas cubiertas de musgo. Un año atrás, cuando Diego había llegado con Valentina y el bebé que lloraba en sus brazos, los habitantes los habían recibido con la indiferencia cortés de quienes han aprendido que las preg







