La tormenta llegó sin aviso, como todas las cosas que cambian algo para siempre.
Valentina lo notó primero en el color del mar: ese viraje repentino de turquesa a gris pizarra que ocurre cuando el agua decide recordarle al mundo que no le debe nada a nadie. Estaba en la terraza del segundo piso con su cuaderno de notas y el teléfono, documentando el avance de la instalación de los marcos de madera nueva en las ventanas del ala norte, cuando el viento cambió de dirección con una brusquedad casi