Al menos diez camionetas aparecieron frente a ellos. Asad apuntó su arma, pero muchos hombres bajaron de las camionetas, y fue muy fácil reducirlos.
Bakir fue el primero en aparecer, y luego ordenó:
—Atenlos y llévenlos adentro.
Asad dejó su arma, y miró a sus compañeros. Sabía que en cualquier momento podía joderse todo, y a pesar de que recibieron golpes, ellos caminaron sumisos dentro del galpón, mientras el mismo Asad divisó como salían rebeldes de sus escondites.
—Todos atentos… —Bakir se