Zahar…
El sonido de su voz me sacudió como un disparo; no era una pregunta, era una detonación emocional.
—¿Me reconoces, pequeña tormenta?
Di un paso hacia atrás, no por miedo, sino porque mi alma parecía haberse adelantado al cuerpo.
Él estaba allí. Vivo. Respirando. Con los ojos más oscuros que recordaba.
Mi Kereem…
Aunque no, ya no era solo eso.
Ahora era algo más, algo que había nacido en las sombras y crecido entre la rabia y la impaciencia.
Sus pasos fueron lentos, arrastrados por l