CAPÍTULO 57 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
Aún no amanecía y yo no había pegado un puto ojo.
Zahar dormía a mi lado, desnuda, con la piel aún marcada por mis manos y con las piernas entrelazadas a las mías, como si su cuerpo supiera que me pertenece incluso dormida.
Tenía un brazo sobre su abdomen y su pecho subía y bajaba con lentitud… como si el mundo no la hubiera tocado jamás.
Tan tranquila y mía, así que apoyé el antebrazo en la almohada y la observé. Dormía tan plácida que dolía. Sus pestañas l