Zahar…
—Destino confirmado —dijo Asad, sin apartar la vista del monitor táctico—. Tres kilómetros al este, el subterráneo inicia allí. Bajo la arena.
Nos faltaban solo tres kilómetros, y eso era cuestión de dos minutos o tres a esta velocidad. Mi cuerpo vibraba, pero no era solo por lo que estaba a punto de suceder. La mirada de Kereem sobre mí, era el motivo.
Tenía que abrir la boca, para no estancar el aire, y de alguna manera no estaba midiendo la magnitud.
—Todo el que se encuentre abajo, e