Kereem…
La sala estaba tenuemente iluminada por lámparas, y el mapa del reino cubría casi toda la pared del fondo. Una mesa larga se extendía con precisión quirúrgica al centro, rodeada por los comandantes de cada escuadrón. Todos tenían los ojos fijos en mí, esperando una orden, una señal, cualquier palabra que les diera certeza.
Asad estaba a mi derecha. Se mantenía recto, con el mentón alto, pero sus ojos no dejaban de moverse, calculando, anticipando.
—Lo haremos al amanecer —dije con firme