Terceros…
Naim recibió el mensaje de Emré, y frunció su ceño.
Tenía que estar a una hora reunido con él y Kereem fuera del palacio, y mirando su reloj, sabía que estaba a tiempo.
Solo estuvo a punto de hacer una llamada, cuando sintió que la puerta se estrelló y alguien entró con la respiración entre cortada.
Sanem estaba llena de lágrimas, y su aspecto daba mucho que decir.
—¿Qué ocurre?
—Kereem está loco —con largas zancadas, él se acercó tomándole la cara con fuerza.
—No más que tú. ¿Qué dij