El caos reinaba fuera del restaurante.
El tiroteo había cesado, pero la tensión aún se palpaba en el aire.
Kereem, todavía en estado de shock por la destreza de Zahar se dio cuenta de que sus manos estaban sobre ella, mientras ella, aún estaba alerta.
La giró en medio de todo y su respiración agitada se chocó contra su aliento perturbado y sobre totalmente perplejo.
Su mirada la escaneaba y ella parpadeó preguntándole:
—¿Estás bien? —preguntó y Kereem solo asintió.
—¡Señor… entremos a los autos