Zahar…
La noche transcurría lenta, envuelta en un silencio que pesaba sobre mi pecho como una losa. Kereem estaba a mi lado, o yo estaba encima de él, desnuda y con sus manos en mi cintura, mientras sus dedos se esparcían por mi espalda.
Me había prometido no derrumbarme, no hacer de esta despedida un lamento, pero cada segundo que pasaba, cada respiración entrecortada, me recordaba que en cuestión de horas él ya no estaría aquí.
No quería que se fuera.
—Zahar… —Su voz era un susurro grave, car