La tensión entre Kereem y Zahar era palpable. Ella lo miró fijamente, tratando de ocultar su sorpresa ante la pregunta de Kereem.
¿Celos? Eso era inesperado, aunque no lo guardó mucho en su mente. Si algo conocía que era engañoso, esas eran las mismas emociones.
—Entonces… ¿Qué tanto hablabas con Emré? —preguntó con una voz que destilaba una mezcla de deseo y desconfianza. Su mirada ardía en celos y posesión, aprisionando a Zahar contra la pared.
—Emré, él solo me preguntó por cómo me sentía en