CAPÍTULO 66. Una bestia silenciosa
CAPÍTULO 66. Una bestia silenciosa
Y no era porque estuviera embarazada, o al menos Serena no tenía ninguna constancia de que así fuera. Era la verdad, eran las náuseas, era el dolor de saber que había traiciones profundas y miserables a las que apenas se podía sobrevivir. Y eso fue lo que la hizo inclinarse hacia un lado y vomitar sobre la alfombra porque no podía contenerse.
Las lágrimas salían de sus ojos como ríos imparables y el cuerpo le temblaba al punto de que el celular se le cayó más