Susan tragó saliva con dificultad, llevándose la mano al vientre por reflejo. —Estoy embarazada —admitió, las palabras flotando pesadas en el aire entre ellos—. Eso es lo que pasa.
—Sí, ya lo veo —interrumpió Leo—. Solo necesitaba saber… ¿De quién es el bebé?
Susan lo miró con calma, con frialdad, mientras las emociones hervían bajo la superficie como lava fundida a punto de estallar. —No te incumbe.
Él frunció el ceño. —Sí te incumbe si llevas a mi bebé.
Ella se cruzó de brazos y lo miró fijam