Su expresión era indescifrable, pero sus ojos oscuros reflejaban una profunda emoción que le hizo un nudo en la garganta. Apartó la mirada rápidamente, fijándose en Francesca.
—Hay una sala de estar justo al lado de la cocina —continuó Susan, con voz firme a pesar del nerviosismo en su pecho—. Tiene chimenea y espacio suficiente para un sofá grande o una zona de juegos para niños.
—Vamos a verla —dijo Francesca, dirigiéndose ya hacia allí.
Leo se quedó un poco rezagado, con pasos lentos y delib