La expresión de Leo se suavizó, aunque su mirada seguía siendo fría e indescifrable. —Te traje aquí porque querías entender mi mundo. Ahora eres parte de él. Bueno, aquí estás —dijo con calma—. Sin filtros, sin pretensiones.
Ella se cruzó de brazos, obligándose a mirarlo a los ojos, aunque la ira y la traición bullían en su interior. —Nunca quise ser parte de esto, ¿recuerdas? No tuve elección desde el principio. ¿Y si algo saliera mal ahí dentro, Leo? ¿Se te ocurrió alguna vez?
Él la miró fija