Susan se sonrojó, pero persistió, con la única ambición de demostrarle que no era necesario tener relaciones sexuales solo para concebir otro hijo. Le asombraba que Leo pareciera tan ignorante de tales procesos. De repente, se dio cuenta de que no era la ignorancia lo que había silenciado a Leo, sino una especie de fascinación morbosa e incrédula, acompañada de inquietantes señales de ira creciente. Un rubor intenso tiñó su rostro, y un pequeño músculo se tensó con fuerza en la comisura de su e