Cada vez que miraba a Leo, le parecía más guapo. Buscaba algún defecto, pero no lo encontraba. Se recordaba a sí misma cómo, en todos los aspectos, él no cumplía con sus expectativas del hombre ideal, y aun así, cada vez que se acercaba a menos de tres metros, se veía inmersa en un estado de conciencia sexual terriblemente adolescente. Se sentía como una pirómana con un trozo de papel seco en la mano, desesperada por encender la mecha.
Nadie se lo había dicho jamás, ni había imaginado que sus p