Una sonrisa fría asomó en los labios de Leo. Se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. —Porque tengo dinero, Susan. Tengo acceso a los mejores abogados y a los contactos que hacen que las cosas sucedan. Solo necesito a la gente adecuada de mi lado, y ya la tengo.
—Estás fanfarroneando —dijo él con una risita—. Pues inténtalo y lo comprobarás.
La desfachatez de sus palabras la dejó atónita. Apretó los puños a los costados. —¡Eres increíble! —exclamó, con la voz temblo