Completamente confundida, Susan retrocedió, huyendo del calor y la asfixiante tensión que se respiraba en el ambiente. Sentía la piel caliente y tensa. Su cuerpo se sentía extrañamente pesado y desconocido. Interpretó esas sensaciones como miedo. Él la estaba asustando.
—Eres un animal —susurró con un escalofrío.
Él le dedicó una sonrisa burlona, llena de triunfo masculino, mientras observaba su retirada, y ella deseó poder golpearlo hasta que se le clavaran los dientes en la garganta. Llamar