9 Sentencia.
— Basta, ¿qué van a hacer? — dijo Kalila casi sin aire.
— Hazte a un lado Lila. — pidió Yunuen y los truenos aparecieron en el cielo.
— ¡No le órdenes a mi destino! — el cabello de Ikigaí brillaba como llamas azules al tiempo que se elevaba como lanzas dispuesto a atacar a la más mínima provocación.
— Basta, detengan esto, no pueden lastimarse, ¡no lo hagan! — Kalila estaba tan nerviosa que su instinto de cazadora se activó, vio el punto débil de Yunuen, y no lo podía creer, ella era hija de la