—Isabella, sé que no te agrado, pero yo… yo no lo hice a propósito, Antonio solo estaba cuidándome —dijo Erika mientras, con sus palabras, seguía tanteando mis reacciones.
Miré a Antonio, sin expresión alguna, dije:
—¿Puedes irte ya?
—Lo siento —respondió Antonio.
Su disculpa me tomó por sorpresa, levanté la cabeza y lo miré. Erika, a su lado, también se quedó de piedra.
Antonio siguió hablando:
—Lo siento, te ignoré. Ese día pensé que solo intentabas engañarme. Pensé que tenías algo en contra d