74. Fortaleza quebrantada
Dayana ya había dejado a Alexander en la habitación, fue a un armario en busca de sábanas limpias y otra almohada, al entrar el estaba sentado en la cama observando la alfombra oscura.
— Te traje esto para que estes más cómodo, puedes encender la televisión si gustas, lamento las molestias Alexander. – El se puso de pie y camino hacia ella, tomó las cosas que le había llevado y la miro directo a los ojos con ternura.
— No es ninguna molesta.
Dayana sintió que su corazón empezaba a emocionarse