130. Un duro adiós
Los ojos de Dayana se enrrojecieron al punto de casi sacar lágrimas, ella bajó la cabeza recordando que llevaba maquillaje y el pensar que este se arruinaría si lloraba fue su motivo para evitar hacerlo, se llevó la mano a la frente apenada y sin dar crédito a lo que acababa de hacer.
Alexander por su parte le observaba con seriedad y creciente dolor, siempre sospechó que ella se resistía a enamorarse por una razón y esa era porque su corazón estaba herido de una manera tan profunda que temía