Entrenaba con una euforia única, con un entusiasmo único y desbordante y muy efusiva. Heather lo padeció en los intensos partidos que jugábamos en el club de Marcial. Mis pelotazos le doblaban la raqueta.
-Más tranquila, mujer, guarda fuerzas para Wimbledon-, reía Ashley, satisfecha de mi rendimiento. Yo dominaba todos los campos, además. De piso, arcilla, pasto o ladrillo. Como me había dicho Maggi, flotaba con las nuevas zapatillas que había hecho su padre.
Esa mañana después de entrenar