La temperatura había bajado considerablemente, Francisco podía ver el calor que emanaba por la abertura de sus labios. Se encontraba sentado sobre el suelo esperando que alguien fuera por él.
Había caminado por toda esa habitación y descubrió que se trataba de una bodega, en la que tal vez guardaron costales de harina alguna vez, había encontrado algunos de ellos, vacíos y maltratados por el agua que se filtraba por las tuberías, así como de los muros. Al no poder salir por la puerta, opto por