La iglesia del pueblo de san Agustín estaba en un sepulcral silencio, desde la guerra de territorios entre carteles, la diócesis había decido no enviar a nadie por el bien del párroco y de los feligreses, así que ese lugar sagrado había quedado en la más absoluta soledad, así como la mayor parte de aquel pueblo. Los narcos se habían encargado de dejar ese pueblo en soledad para así poder enfrentarse a sus enemigos, sin la necesidad de sentir lastimar por aquellos que moria entre el fuego cruzad