Pedro recordó con cierta desesperación esos momentos de su infancia que había compartido con el chico que acababa de morir, no es que fueran grandes amigos, después de todo había dejado de verlo desde el día en que el cartel se los había llevado de su hogar, pero sintió en parte que la sangre que corría por el suelo del aquel lugar que había dejado de ser sagrado desde hacía muchos años atrás por culpa de la oscuridad en el alma de los hombres, en parte era por su culpa, había sido cómplice de