La Llama de la Independencia
La casa de Conan, ya no era solo un refugio de la tormenta; se había transformado, en sus cimientos más profundos, en el cuartel general de nuestra nueva vida. Era un hogar de ladrillos modestos, con una sola habitación y un fuego que ardía constante, un corazón de calor que nos protegía del frío del mundo exterior. No había en ella los lujos de la mansión Lancaster, no existían los tapices de seda ni los mármoles pulidos, pero había algo lleno de rollos de tela que