: La Confesión del Lobo
La voz de Conan me golpeó como una ráfaga de viento helado, deteniendo mi respiración. Su presencia, tan inesperada, tan desafiante, hizo que el tiempo se detuviera. Orlo se giró bruscamente, sus ojos fijos en la figura que emergía de la multitud dispersa por sus soldados. El contraste entre la arrogancia pulcra de Orlo y la silueta ruda, pero extrañamente imponente, de Conan era abismal. Los soldados, que hasta hacía un momento me habían ignorado, ahora se pusieron en gu