La Hora de la Verdad
El eco de la batalla final resonó por todo el reino. El castillo, antes un símbolo inexpugnable, ahora era un nido de miedo y de caos. La guardia de Isabel, los Espías de Capa Negra, se había desmoronado, sus hombres huían o se rendían. La marea de plebeyos, una fuerza imparable, había irrumpido en el corazón del poder real. La revolución, impulsada por la verdad del códice de las visiones, había llegado a su clímax.
En la sala del trono, Conan, Orlo y Gonzalo se encontraron