La Corona y el Pueblo
El estruendo de la Plaza del Mercado se había transformado de un coro de batalla en un rugido de celebración. La corona del Rey Charles, despojada de la cabeza de Isabel, rodó por el suelo hasta detenerse a los pies de Kaida. La joya, antes símbolo de tiranía y usurpación, ahora yacía humilde, esperando a su legítima dueña. Miles de ojos, llenos de asombro y de una esperanza renovada, se posaron en ella. El sol del amanecer, que teñía el cielo de oro y púrpura, iluminaba la