Andrew colgó el teléfono sin pensar que algo anduviera mal.
Pero Callista se veía medio molesta:
—Ya casi se acaban los días en los que somos tan solo los dos... después, vamos a tener que escondernos otra vez.
Andrew la escuchó y le contestó con un tono que ya sonaba a advertencia:
—Que Juliana no note nada raro, ¿eh? Ya sabes lo que pasa si se da cuenta.
Callista parecía al borde del llanto:
—Sí, sí... ya lo dijiste mil veces.
Andrew la vio con esa cara de perrito triste, así que se inclinó un